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Un blog de Raúl Campos |
Dejando de lado la obstinación que tenemos los maqueros por cada arruga de la piel de la manzana de Apple, habrá que hacer un balance mínimamente objetivo de lo que se esperaba y lo que finalmente ha sido el lanzamiento del I-Pad 3. Como siempre, van a correr ink-jets: varias cataratas a favor y algún géiser en contra. Y hay que leer todas las opiniones, cómo no.

Descubro que una de las cosas a tener en cuenta es la escasa sostenibilidad de la producción de los i-pads, que unida a las noticias y rumores sobre los pocos escrúpulos que se gastan los continuadores de Steve Jobs en sus fábricas asiáticas, me hacen replantearme, al menos a mí, aquello de dejarse llevar por el consumismo cada vez que Apple estornuda. Si añadimos el precio, estaremos ya en condiciones de pensar que, a lo mejor, el i-pad no nos hace tanta falta.